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Durante
el comienzo de este curso en muchas aulas hemos recibido un gran
número de niños/as nuevos que se han ido incorporando
en los diferentes grupos siguiendo nuestro famoso periodo de
adapatación. En el aula de 4-5 años había
un grupo muy bien constituido que iba a recibir a ocho niños/as
nuevos de los cuales algunos serían dos años más
pequeños que los más veteranos. Se estaba formando
así un grupo mixto de tres y cuatro años. Las profesoras
de esta clase dedicaron mucho tiempo y esfuerzo a hacerles ver la
importancia de su colaboración para que los niños
nuevos se adaptaran e integraran entre nosotros. Todos juntos vimos
las fotos de los nuevos, cómo se llamaban, de dónde
venían, antes de que se incorporaran al aula.
Esto dio como resultado una buen actitud de los niños y
niñas ante la llegada día a día de los alumnos
y alumnas nuevos, jugaban con ellos, les enseñaban la clase,
les acompañaban en el patio.
Un día a primera hora uno de los antiguos alumnos llegó
llorando desconsoladamente, nada le hacía callar en su pena,
y ningún juguete ni actividad le convencía. Después
de estar un rato con él tanto sus profes como sus amigos,
otro de los alumnos veteranos se acercó a él con los
brazos en jarras y gesto de enfado le dijo:
- Pero... ¿por qué lloras así? ¿No
te das cuenta de que tú eres muy muy viejo y llevas aquí
desde los bebés?
- Si yo no soy viejo, sólo tengo cuatro años -murmuró
conteniendo un hipo.
Todos nos pusimos a reír y en ese momento nuestro pequeño
amigo también cesó de llorar y reímos todos
juntos de su ocurrencia.
David, 4 años
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