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Uno de los principios metodológicos de nuestra intervención
educativa es, que consideramos el juego como una actividad natural
del niño/a necesaria para su desarrollo y para llevar a cabo
todo tipo de aprendizajes.
Desde siempre las madres, abuelas, etc, han tenido la intuición
de dar a sus hijos/as para jugar, objetos naturales y cotidianos,
con los que se "entretenían", mientras ellas realizaban
las tareas del hogar. La riqueza de los materiales, posibilitaba
a los niños/as multitud de aprendizajes por descubrimiento,
a través de su propia acción.
Es Elinor Goldschmied, quien sistematiza esta actividad, llamándola
"El cestino o cesto de los tesoros".
Para nosotras, es un gran laboratorio, en el que los niños/as,
descubren a través de todos sus sentidos, las características
de los objetos que manipulan, realizando multitud de aprendizajes.
Consiste en un cesto, que es el contenedor de los objetos, en el
cual se ponen al alcance de los niños/as, (de seis meses
a doce), objetos naturales y cotidianos, (no prefabricados, ni de
plásticos, ni juguetes), a partir de los cuales, los niños/as
puedan tener multitud de sensaciones, percibiéndolas a través
de todos sus sentidos: vista, tacto, oído, olfato.
De esta manera, van desarrollando sus habilidades y destrezas de
manipulación, exploración visual, bucal, táctil
La organización de estos objetos, el tiempo de permanencia
en el cesto, el cambio de los mismos, la frecuencia, cantidad, seguridad,
etc, están incluidos en la programación del aula de
bebés, y en nuestro P.C.C. El educador pone el cesto en medio
del lugar de actividad de los bebés, éstos exploran
los objetos ("¿qué es esto?"): lo llevan
a la boca, lo manipulan, lo miran, lo tiran, lo cogen, observan
que pasa cuando cae al suelo, si rueda o no (si esta frío,
áspero, suave, si pesa
) miden todas sus posibilidades
de jugar con él, e intentan realizar acciones con el objeto.
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